y de la mente que como gotas afiladas y punzantes
atraviesan y se clavan en las escamas que cubren su piel,
desvelando las cicatrices de tiempos remotos.
Se alza a través de las aperturas, tiñendo de carmesí el telón de nubes,
la mirada de la bestia que se oculta y sacude con violencia la coraza,
aquella misma que tres inviernos atrás le ayudó a sobrevivir,
sin embargo, ahora es una cárcel, y tras cada luna, más ardiente se torna.
Y aun así, ¿Qué es lo que frena las garras y los golpes del instinto
para que no logre romper los barrotes que ella misma forjó?
¿Por qué agrieta la armadura, y sin embargo no es capaz de romper
el vitral bajo sus pies, para tallar y cincelar una vidriera inédita?
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