sábado, 23 de agosto de 2025

Das Trugbild

Se abren paso de entre la barrera algodonada
los brazos del alba, deshilachando cada hilo
cada filamento que frena su avance hacia su sino,
aquel oleaje embravecido de ideas y de juicio,
para así desentrañar lo que la corriente silencia.

Como carámbanos de acuarela caen las estrellas
del horizonte, allí donde se haya su tuerta mirada,
se esboza una muralla inescrutable a los ojos ajenos
se cincela una piedra quebrada a la mirada interna,
en lo alto de ésta, se hallan dos amenazantes cánidos.

Sus pies tocan los cimientos de la ciudadela,
sus iris buscan más allá de las nubes
sus iris atraviesan más allá del espejismo
sus iris perciben la telaraña que cubre la fortaleza
sus iris tocan los dedos del amanecer.

Una torre se alza hacía la luz del mediodía
llevando al visitante de la fortaleza de vuelta
a la costa donde su figura quedó abstraída,
pues ahora se encuentra en una cumbre nevada,
y a su alrededor, se vislumbran otros picos más altos.

Es así, como nace la segunda pieza de la "Armonía":
"El mago observa desde el tragaluz de la torre ascendente,
fijando su mirada en la fortaleza de las profundidades,
allí donde en antaño fue el rey de las riquezas,
y como ahora siendo ilusionista, brujo y taumaturgo,
escucha la cambiante y espontánea voz de las estrellas".
 

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